Romanos 8:1 (TLA) Por lo tanto, los que vivimos unidos a Jesucristo no seremos castigados.
Romanos 8:1 (TLA) Por lo tanto, los que vivimos unidos a Jesucristo no seremos castigados.
Dios ha prometido a sus hijos una vida en abundancia, pero debemos limpiar nuestra casa cerrando toda puerta al enemigo y para eso tenemos que ser muy celosos de las cosas del Señor, íntegros y misericordiosos y de esa manera cada día viviremos experimentando lo sobrenatural. Hoy quiero hablarles de la vida abundante que Dios nos ha dado.
Un día en la sexta avenida un caballero vio a un niño que estaba afligido y le pregunto ¿Qué tienes? Y él le contestó “es que he perdido a mi padre” y él le dijo de seguro se van a encontrar porque él también te anda buscando, esta anécdota la cuento porque si usted busca al padre Él lo va a encontrar porque Él está buscando a los de corazones sencillos humildes para darle todo su amor y espíritu para que trabaje en la obra, Dios busca al pecador y si este también busca al señor lo va a encontrar.
La Familia de Jesús
Vamos a ver cómo era la familia de Jesús, en el capitulo uno del libro de Mateo se trata de argumentar de que Jesús es el mesías es el rey esperado por los judíos y trata de argumentarlo como los judíos lo hacían, mostrando la genealogía, pero lo que realmente tenemos es quien era la familia de Jesús.
Una Iglesia Sana y Fructífera
¿A quién agrado?
Hoy vamos a responder la pregunta ¿A quién agrado?, usted sabe que agradar es parte importante de la vida, nosotros agradamos a nuestros amigos a nuestros familiares porque es parte del caminar con nuestros semejantes y hoy vamos a ver lo importante que es agradar a Dios.
Hoy iniciaremos una serie que titulamos “Una Iglesia Saludable”; sé que entre nosotros hay gente que acaba de empezar en el camino del Señor, y otros que ya tienen años, pero hay momentos en que nos enfermamos, hay algo que nos afecta y ya no somos tan productivos, tan responsables, tan dedicados y tan apasionados para lo que Dios nos ha mandado a hacer.
Hechos 2:41-47 (NVI) Así, pues, los que recibieron su mensaje fueron bautizados, y aquel día se unieron a la iglesia unas tres mil personas. Se mantenían firmes en la enseñanza de los apóstoles, en la comunión, en el partimiento del pan y en la oración. Todos estaban asombrados por los muchos prodigios y señales que realizaban los apóstoles. Todos los creyentes estaban juntos y tenían todo en común: vendían sus propiedades y posesiones, y compartían sus bienes entre sí según la necesidad de cada uno. No dejaban de reunirse en el templo ni un solo día. De casa en casa partían el pan y compartían la comida con alegría y generosidad, alabando a Dios y disfrutando de la estimación general del pueblo. Y cada día el Señor añadía al grupo los que iban siendo salvos.