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Una casa para la visión

Lunes, 27 de Junio de 2011 21:28 Wester Alvarado
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La primera piedra de una obra no es puesta por el constructor, es puesta por Dios en el corazón de aquel que tuvo la visión.



Cuando el rey David comenzó a reinar en Israel, tenía una sola pasión en su corazón: servir a Dios con todas sus fuerzas, y con toda su alma. Ese deseo lo puede sentir en su corazón, solamente alguien que vivió días y noches de amargura, largos tiempos de tristeza y lágrimas en lugares desolados. ¡El rey David fue un salmista por excelencia! Era tal su pasión y entrega por Dios, que no escatimó ningún esfuerzo para agradarle y darle lo mejor.


Al igual que David, desde que se depositó el deseo de adquirir un nuevo templo en el corazón de nuestro Pastor Rubén Reyes, se comenzó a buscar un lugar especial donde la presencia de Dios se ministrara con libertad y comodidad, donde todos compartiéramos en armonía y gozo; un lugar donde más de ciento cincuenta personas tuvieran la bendición de adorar a Nuestro Padre Celestial con todo su corazón.


Finalmente, ese espacio se encontró: ¡El 5 de junio, será una fecha histórica que no borraremos de nuestro corazón! Con gran alegría fue inaugurado el nuevo templo de nuestra iglesia; un lugar precioso donde esperamos que el poder de Dios se manifieste de manera sorprendente como hasta ahora.  Un lugar que cuenta con los servicios necesarios básicos: área de oficinas, un salón para niños, espacio para estacionamiento, lugar suficiente para 200 personas y servicios sanitarios. En este lugar permaneceremos “hasta que Dios lo ordene” según palabras del pastor.


“Desde que comenzamos con esta visión, hemos trabajado con excelencia, y este templo no será la excepción” Rubén Reyes.


Al día de hoy, el lugar se encuentra en fase de remodelación. Se está acomodando de acuerdo a las necesidades que se presentaron, todo esto gracias al arduo trabajo de un grupo de jóvenes que aman esta obra: los ingenieros Sergio Yoc y Pablo Girón, apoyados por  los arquitectos Erick Ortiz y Pedro Girón, el diseñador gráfico Jaime Chuta, el ingeniero en sistemas Fernando De León y muchos otros que pública o anónimamente están invirtiendo su talento y su tiempo para que este lugar sea digno de la presencia de Dios. El área de niños fue remodelada de forma conveniente y se adquirió el equipo de sonido, se modificaron los servicios sanitarios y oficinas, se adquirieron doscientas sillas, se pintó la fachada y se colocó una manta con el logotipo de la iglesia. A corto plazo, se construirá el altar general, se impermeabilizará y pintará el interior.


Definitivamente, este templo comenzó a bendecir nuestras vidas desde el primer día, y no es para menos, pues Dios nos ha apoyado y lo seguirá haciendo hasta el último día en esta tierra, sin importar lo difícil o complicado de los problemas que debamos enfrentar. Estamos maravillados de la forma en que Él obró a nuestro favor, desde el primer contacto con el dueño, hasta el momento en que fueron entregadas las llaves; no tenemos palabras para expresar todo el agradecimiento que hay en nuestros corazones, y ese es otro motivo para continuar dando lo mejor de nosotros.


Al igual que David, nuestro objetivo esta bien definido, nuestro corazón esta lleno de pasión por agradarle a Él, nuestras fuerzas se renuevan cada día y nuestros ojos permanecen puestos en la visión que Dios nos encomendó: “Restaurar la amistad con Dios en cada familia de  Guatemala y las Naciones, enseñándoles a creer en Su Palabra y a confiar que el Espíritu Santo está con nosotros  todos los días, hasta el fin del mundo.” Amén.

Última actualización el Domingo, 31 de Julio de 2011 21:20

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Una casa para la visión

La primera piedra de una obra no es puesta por el constructor, es puesta por Dios en el corazón de aquel que tuvo la visión.



Cuando el rey David comenzó a reinar en Israel, tenía una sola pasión en su corazón: servir a Dios con todas sus fuerzas, y con toda su alma. Ese deseo lo puede sentir en su corazón, solamente alguien que vivió días y noches de amargura, largos tiempos de tristeza y lágrimas en lugares desolados. ¡El rey David fue un salmista por excelencia! Era tal su pasión y entrega por Dios, que no escatimó ningún esfuerzo para agradarle y darle lo mejor.

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