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Hacedores de Sueños

Jueves, 16 de Junio de 2011 21:41 Pastor Rubén Reyes
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Hacedores de Sueños
Vamos a pensar diferente.
Vamos a creerle a Dios, con todo nuestro corazón.
Que el Señor sea glorificado, en todo lo que hagamos.
Todas las páginas


 

1ª Corintios 9:19-23 (RVR95): “Por lo cual, siendo libre de todos, me he hecho siervo de todos para ganar al mayor número. Me he hecho a los judíos como judío, para ganar a los judíos; a los que están sujetos a la ley (aunque yo no esté sujeto a la ley) como sujeto a la ley, para ganar a los que están sujetos a la ley, para ganar a los que están sujetos a la ley; a los que están sin ley, como si yo estuviera sin ley (aunque yo no estoy sin ley de Dios, sino bajo la ley de Cristo), para ganar a los que están sin ley. Me he hecho débil a los débiles, para ganar a los débiles; a todos me he hecho de todo, para que de todos modos salve a algunos. Y esto hago por causa del evangelio, para hacerme copartícipe de él.”

Pastor Rubén Reyes
Pastor Rubén Reyes

Algo que quiero empezar a enseñar y que quede claro, como parte de la cultura de nuestra iglesia y es lo siguiente: después que recibimos al Señor, si usted recuerda ese día, se sentía más liviano, rico, que todo había sido perdonado, donde lo haya recibido… yo recuerdo que recibí al Señor en el sótano de la Iglesia Elim Central, Dios tuvo misericordia de mí en una reunión de jóvenes. Pues bien, recibimos al Señor y muchas cosas empiezan a cambiar. Antes de la porción que leímos, se describe la historia de Pablo, cuando tiene su encuentro con el Señor, la bendición de haber estado en Su presencia y fue transformado su corazón y su forma de pensar. Y es allí a donde lo quiero llevar.


 



Última actualización el Viernes, 17 de Junio de 2011 23:17

Newsflash

Una casa para la visión

La primera piedra de una obra no es puesta por el constructor, es puesta por Dios en el corazón de aquel que tuvo la visión.



Cuando el rey David comenzó a reinar en Israel, tenía una sola pasión en su corazón: servir a Dios con todas sus fuerzas, y con toda su alma. Ese deseo lo puede sentir en su corazón, solamente alguien que vivió días y noches de amargura, largos tiempos de tristeza y lágrimas en lugares desolados. ¡El rey David fue un salmista por excelencia! Era tal su pasión y entrega por Dios, que no escatimó ningún esfuerzo para agradarle y darle lo mejor.

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