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Seguridad o Sabotaje - Las mentiras que creemos

Martes, 19 de Julio de 2011 20:34 administrador
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Indice del artículo
Seguridad o Sabotaje
Detectando inseguridad en su comportamiento
Las mentiras que creemos
Consejos y verdades
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Las mentiras que creemos.

Es posible experimentar varios de estos síntomas al mismo tiempo. La clave es identificar cómo se las arregla con su inseguridad, y qué tipo de mentiras se dice a sí mismo sobre la realidad que usted está enfrentando.

 

Considere esto: Si la verdad nos hace libres (Juan 8:32), entonces las mentiras nos atan. El nivel de derrota y atadura que usted enfrenta como líder puede estar directamente ligado al volumen de mitos o mentiras que usted ha aceptado sobre su identidad. Nuestro problema es que, mientras conocemos la verdad... creemos la mentira. El Dr. Chris Thurman ha escrito un libro esclarecedor titulado: The lies we believe (Las mentiras que creemos), en el que muestra un proceso que nos ayudará a entenderlo.

 

 

Dando pasos en la verdad

  1. a. Determine el evento inicial que fomentó la atadura de mentira.

Ejemplo: Su supervisor falló en reconocer el trabajo que realizó en el exitoso alcance evangelizador de la semana pasada. Se siente resentido e insignificante.

 

  1. b. Descubra la mentira que usted ha creído sobre la situación.

Ejemplo: Quizá usted ha tomado la mentira: “Solamente soy bueno por lo que hago.” Usted ha atado su valor como persona a su desempeño y a la aprobación de los demás.

 

  1. c. Decida qué respuesta es la verdadera, apropiada y realista.

Ejemplo: Mi valor está atado a quien soy, no a lo que hago. Mi supervisor sí me aprecia, pero es humano como yo y podría fallar en notar mi trabajo debido a que se le pasó. Después de todo, él también ha estado con mucho trabajo.

 



Última actualización el Martes, 19 de Julio de 2011 20:43

Newsflash

Una casa para la visión

La primera piedra de una obra no es puesta por el constructor, es puesta por Dios en el corazón de aquel que tuvo la visión.



Cuando el rey David comenzó a reinar en Israel, tenía una sola pasión en su corazón: servir a Dios con todas sus fuerzas, y con toda su alma. Ese deseo lo puede sentir en su corazón, solamente alguien que vivió días y noches de amargura, largos tiempos de tristeza y lágrimas en lugares desolados. ¡El rey David fue un salmista por excelencia! Era tal su pasión y entrega por Dios, que no escatimó ningún esfuerzo para agradarle y darle lo mejor.

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